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jueves, 4 de abril de 2013

Gandhi, la resistencia y el Estado Peruano

Hace poco leí una biografía novelada de Gandhi y el final del Imperio Británico de la India. El autor busca poner en evidencia las cualidades morales de Lord Mountbatten, el último virrey británico, y también del Mahatma, contraponiéndose a aquellos hombres que buscan venganza, odio y muerte. La novela se centra en la organización de su muerte, en el contexto de la partición dolorosa de la península en dos países, Pakistán, musulmán, y la India, hinduista.

La figura de Gandhi, como el líder político, religioso, social es incontestable. Se le reconoce como un hombre de paz, de oración y de grandes sacrificios. Logró unificar los intereses de los indios y los condujo a su independencia. Y lo más increíble, lo hizo a través de su creencia en la no violencia. Su doctrina es conocida como la resistencia activa. No es simplemente no hacer nada, sino se trata de una desobediencia civil que se base en un postulado, sintetizado así por su líder: "Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer".

Se requiere de paciencia, tenacidad ante la adversidad, firmeza en las opciones y mucha solidaridad, porque no se puede romper la masa crítica de protestantes.

¿A qué viene todo esto? Hace días vengo lidiando con algo semejante. También es una resistencia, tenaz, paciente, firme. Y no se rompe fácilmente. Es inercial, silenciosa. Es la resistencia pasiva. En el Estado hay mucho de esto. El enmarañado de procedimientos hace que uno se pueda fácilmente enredar en él, y como uno siempre sabrá más que otro, puede excusarse o confundirlo. La lentitud tortuguesca (que me perdonen mis amiguitos) facilita esa resistencia. La culpa siempre la tendrá otro en la cadena, un desconocido que pervive en la oficina de al lado, cuya falta de compromiso es evidente y nos perjudica a todos. La recatafila documentaria y normativa contribuye a la inacción, sea esta voluntaria o no.

Siempre hay miedo al cambio. Y en organizaciones tan complejas y grandes, en la que estamos sujetos a errores que son seriamente castigables (¡viva la corrupción que nos hace a todos sospechosos por default!), con mayor razón. La inercia es defensiva. Se toma mal el dicho "despacio, que estamos apurados", atribuido a Napoleón. Aquí es algo así como: "despacio, no estamos apurados, además, si nos apuramos un poquito, corremos grandes riesgos, y nadie nos va a llevar fruta luego, ni a felicitar, ni va a pasar nada". Así que se vive en una caparazón, que con los años se puede ir endureciendo.

Hay resistencia pasiva porque es fácil caer en ella. Pero la hay porque mucha veces no hay un liderazgo sólido. Aunque también hay desconocimiento del que dirige. Son tantos los procesos, mecanismos, normas, procedimientos, jergas, términos, que es difícil no perderse. Y hay conocimientos tan específicos, que uno no puede pretender tenerlos a la precisión.

La pasividad inercial puede representarse gráficamente. Aquí un intento. La cuesta arriba y la cuesta abajo tienen que ver con momentos claves, de ascensos, problemas, rutina, frustración, motivación o lo que fuere. Creo que todos nos puede pasar, pero existen circunstancias y entornos que ayudan. Hasta se podría hacer una dinámica en la que cada uno diseña su línea e identifica hitos... vamos a proponerlo a la unidad de personal, con memo de por medio.


Edmund Burke
Así como la no acción también es una manera de actuar, creo que las palabras del político británico Edmund Burke son muy apropiadas para la reflexión: "Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada". Creo que el no hacer nada por el cambio, y dejarse llevar por la inercia, es contribuir a la problemática del país, y en específico del Estado.

Cuando se critica la inacción, la incapacidad de ejecución presupuestal, la no solución a problemas reales como la inseguridad ciudadana, los niveles de aprendizaje, el narcotráfico, entre muchos otros, la pregunta qué me hago, ahora que trabajo en el Estado (trabajar en el Estado no es lo mismo que trabajar en el Gobierno, aunque pueda darse una coincidencia en algunos caso), es cuán responsable soy de ello, en el área que me toca. Ahora me siento agraviado, en cierta forma. En un sentido, puedo decir que tengo un sentido de pertenencia. También encuentro un listado largo de problemas estructurales que no dependen ni de este, ni del anterior, ni del siguiente gobierno. Dependen de la cultura, en el sector público, que "obliga" a ciertos mecanismos de protección, y se atacan los síntomas y no el mal; también de problemas sociales arraigados, que no se pueden resolver sin políticas claras y estrategias continuas de acción; no hay que olvidar que el Estado existe para el ciudadano, la familia, la persona. Y existen graves disfunciones sociales y personales que deben de ser atendidas por el Estado, pero no se puede pretender que el mismo sea el responsable de resolver todos los problemas. Como dijo mi anterior ministro una vez: "el responsable de tener una vivienda es el jefe de la familia". Eso se puede extrapolar a muchas otras realidades. Y de ahí se entiende la intervención subsidiaria, complementaria, facilitadora, participativa y solidaria del Estado. Y punto.





viernes, 15 de febrero de 2013

Primera piedra

Terminando ya el día y la semana, una más en el Programa de Apoyo al Hábitat Rural, he decidido comenzar a poner por escrito algunas reflexiones sobre lo que hago, el medio en el que estoy y el futuro que se presenta.

En primer lugar, cabe explicar el título del Blog, que a su vez también desvela algo del espíritu que se encuentra detrás del mismo.

Probablemente muchos hemos escuchado la expresión "más pesado que un tanque a pedales" o quizá su variante "más lento que un tanque a pedales". Para mí es una forma irónica, divertida, y también bastante crítica de mirar a la gestión en el Estado. Ojo, quizá más adelante tenga la oportunidad de distinguir algunos conceptos, que al menos para mí, sirven. No es lo mismo lo político que lo público, la gestión del Estado y la gestión en el Estado, las políticas y las decisiones, etc.

Hace unos días en una clase de administración un profesor, bien intencionado, hizo una crítica al Estado. Terminó empaquetando a todos en la conocida etiqueta de burócrata. El que no es burócrata, no debería sentirse ofendido. Sin considerarme uno, aunque participando de ella (para bien o para mal, y ya habrá oportunidad para enfrentar qué es la burocracia), me sentí ofendido. No mucho, pero sí. Salí a defender mi gremio, el de los servidores y funcionarios públicos, por supuesto (no de los burócratas... ¿habrá un gremio de eso, o nunca habrá prosperado por la cantidad de papeleo que llenar?).

Aunque todos reconocemos que el Estado es un gran tanque a pedales, es necesario reconocer que hay muchas personas en su sistema que trabajan bien, que quieren hacerlo, que quieren aprender. También hay personas que no tanto. Como es obvio. Pero no podemos decir que son la mayoría. Por lo menos donde estoy, veo mucho ánimo, buena voluntad, esfuerzo.

Somos un tanque a pedales por muchas razones muy profundas, relacionadas a las tendencias más humanas. Primero podemos hablar de la autoconservación. Eso significa librarse de procesos administrativos, penales, y otros. Todo tiene que estar sellado, visado, firmado, sustentado, re-sustentado, visado nuevamente, sellado (hoy vi una Resolución Ministerial - una RM, en la jerga nuestra - , con 8 sellos, ni más ni menos). Y encima uno es responsable por 10 años.

También está la otra tendencia "natural", la desconfianza. Todos somos ladrones, corruptos, mentirosos, derrochadores hasta que se pruebe lo contrario. Pero como eso no puede estar así de legislado, las normas te llevan a eso. Un ejemplo es la temida ley de contrataciones del Estado. Comprar es dificilísimo. Te pueden objetar, resolver, declarar nulo. Se dice que cuando el Estado va arbitraje al OSCE (otra tendencia es ponerle siglas a todo: Órgano Supervisor de Contrataciones del Estado), siempre pierde. Y luego hay que buscar responsables. El que firma, pues.

Una más, muy honda, como ríos profundos, es la justificación. Todos nos tenemos que justificar. Equivocarse no es bueno en el Estado. Te hacen proceso, y estás a la merced de la Contraloría por 10 años. 10 años sin dormir tranquilo!!! De hecho, cuando entré a la función que tengo encargada estuve alrededor de 1 mes angustiado. Logré liberarme y pasar el resto de tiempo tranquilo una vez que me hice la idea de que algún error se habrá cometido. Estoy en una oficina con 60 personas. Dada la característica humana de no ser perfectos sino perfectibles, ¿cuál es la posibilidad estadística de que no existan errores? Si  hacemos cuentas simples 60 personas, 48 horas a la semana, 52 semanas...  son 149720 horas de trabajo... algún error se tiene que cometer.... y papelito manda pues.

Ya escribí demasiado. Solo quería hacer 2 acotaciones finales.

1. El post se llama primera piedra porque es algo usual en el Estado. Todo el tiempo hay colocaciones de primeras piedras. Es lo mediático. Luego viene la inauguración. Entre lo primero y segundo hay un gran trecho. Y luego viene la sostenibilidad. Ahí está el reto. En este blog es lo mismo. El reto es sostenerme en el tiempo, seguir escribiendo y compartiendo.

2. Sigo en el Estado porque creo que se puede hacer mucho desde acá. Para mucho es un ámbito de servicio, que responde a como es uno. Hoy una persona me dijo: mucha paciencia... efectivamente, hay que tener paciencia, luchar batallas importantes y tratar de contribuir a cambiar las cosas.... si se puede, con la gracia de Dios.